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Los 5 Venenos de la Mente

El camino del crecimiento personal para todos se inicia cuando empiézanos a aceptar que tal vez tenemos algo de responsabilidad en las cosas malas que nos suceden. Y que tal vez, solo tal vez los otros no estaban pensando en hacerte daño aquella vez.

Esta reflexión abre la posibilidad en nuestra mente de que todas las personas estamos viviendo nuestra propia experiencia y resolviendo nuestros propios asuntos. Muchas veces, sino la mayoría de ellas creemos que solo nosotros tenemos problemas y que la vida de los demás está libre de ellos.

El pasto del vecino es más verde.

Pero la verdad es que cada uno de nosotros tiene algo que resolver en esta vida y que únicamente vemos la punta del iceberg de cada persona y elegimos creer que su vida es más fácil que la nuestra.

Este sufrimiento es el que nos tiene encadenado al pasado, experimentando una y otra vez la o las causas de él. Para romper con la prisión de nuestro pasado, tenemos que reunir el valor necesario para alejarnos de la rutina de nuestras viejas y conocidas costumbres y comodidades. Esas cosas no nos aportan verdadera felicidad, pero nos hemos acostumbrado a ellas hasta tal punto que pensamos que somos incapaces de abandonarlas.

La llave que abre la puerta del amor y la compasión, liberándonos del sufrimiento es nuestra capacidad para comprender nuestros propios sufrimientos y dificultades y el sufrimiento y las dificultades de los otros.

Y el secreto para sanar ese sufrimiento se encuentra en las 4 nobles verdades sagradas y maravillosas del budismo:

1. Existe el sufrimiento,

2. Hay un camino o una serie de condiciones que han producido el sufrimiento,

3. El sufrimiento puede cesar (la felicidad siempre es posible),

4.- hay un camino que conduce al fin del sufrimiento, a la felicidad.

Al reconocer y admitir nuestras dificultades (la primera Noble Verdad), y luego observarlas con detenimiento y atender a sus causas (la segunda verdad), somos capaces de ver el camino de salida, la senda de la liberación (la cuarta verdad); la transformación y el fin del sufrimiento que se logran al seguir ese camino es la tercera Noble Verdad.

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

El sufrimiento, o la incapacidad de reconocer nuestras propias dificultades, puede ser observado matizado los cuales se representan en los 5 venenos de la mente.

Para comprender nuestro propio sufrimiento y dificultades, tenemos que observarnos en función de 5 elementos, los cuales, bajo la filosofía budista, se denominan los 5 venenos de la mente y estos son:

1.- La Ignorancia: Esta no es lo opuesto al conocimiento, sino a la iluminación. No es que el ignorante carezca de conocimientos intelectuales, sino de sabiduría, que es una forma de saber más profunda y no nace del intelecto, sino de la conciencia.

2.- El Apego: Es entendido como la forma de crear condicionamientos que crean, a su vez, sufrimiento, son ideas que se convierten en emociones de malestar. Es la primera causa del sufrimiento.

3.- La Rabia: Causada por la pérdida del objeto, la cual busca responsabilizar a un otro por esta.

4.- El Ego: Es la concepción errónea del “yo” como una entidad que existe por sí misma. Es la idea de la naturaleza inherente del ego. La visión del “yo” sostenida por una mente que no ha comprendido el concepto de vacuidad.

5.- Los Celos: La razón o causa más importante de los celos es el sentimiento de baja autoestima y el miedo a ser abandonados.

Aplicar estos antídotos supone elegir cuidadosamente el entorno en el que vivimos y trabajamos, ya que desempeña un papel importante en esta práctica. Cuando elegimos entornos vitales y laborales saludables, estos nos ayudan a estar en contacto con lo que es bello y saludable, tanto en nosotros como en el mundo, y nos alimentan, nos curan y nos transforman.

Esta práctica es el bien más preciado que tenemos; hace posible el amor, la felicidad y otros muchos dones para nosotros mismos y para los demás.

Cuando nuestra mente aún no está en calma, cuando aún estamos agitados, no podemos ser realmente felices. Nuestra felicidad o falta de ella depende en gran medida del estado de nuestra mente, y no de nada externo.

Es nuestra propia actitud, la forma en que observamos las cosas, nuestro modo de plantearnos la vida, lo que determina si somos felices o no.

Deberíamos ser capaces de disfrutar de las maravillas de la vida en nosotros mismos y en todo cuanto nos rodea.